¿Quién tiene que pedir perdón? ¿Patishtán o el Estado?

Luego del examen reprobado ante la ONU en materia de derechos humanos, el Estado se prepara a limpiar su imagen otorgando el indulto al profesor tzotzil Alberto Patishtán Gómez, preso durante más de 13 años por un delito que no cometió. Todavía hace poco más de un mes, el primer tribunal colegiado del vigésimo circuito, con sede en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, ratificó la sentencia de 60 años de cárcel. Una pequeña reforma legislativa, un poco al vapor y no como en los debates sobre las reformas estructurales, otorga al presidente la facultad de indultar en casos de graves violaciones a los derechos humanos. De ahí que nos resuene la pregunta que lanzaran los zapatistas hace ya casi 20 años: ¿Quién tiene qué perdonar a quién y quién puede perdonar?

Hace poco más de diez días, el hijo del profesor tzotzil, Héctor Patishtán, al participar en el foro “Chiapas, la guerra y resistencias continúan: EZLN, Alberto Patishtán y desplazamiento forzado”, organizado por el Programa de Interculturalidad y Asuntos Indígenas de la Universidad Iberoamericana, dijo con toda claridad: “nadie está pidiendo indulto, porque no es la mejor vía, ya que es un perdón del gobierno, cuando debería ser al contrario; ellos deberían pedirnos perdón por estos 13 años de injusticia e impunidad.”[1]

Apenas el lunes de la semana pasada, la “Comisión de Justicia del Senado aprobó ayer por unanimidad una reforma al Código Penal Federal en materia de indulto. Adicionó el artículo 97 bis para que el Presidente de la República, a petición de alguna de las cámaras del Congreso de la Unión, pueda solicitar al titular del Poder Ejecutivo federal concederlo no sólo por cuestiones políticas y sociales, sino cuando haya indicios consistentes de que existan violaciones graves a los derechos humanos de un sentenciado.”

En la argumentación del senador Roberto Gil Zuarth, presidente de dicha comisión, señala: “reformar el mecanismo del indulto cuando existan claras evidencias de que se violaron los derechos constitucionales, que una persona es inocente y ya no existen mecanismos dentro de la justicia para reconocer su inocencia.” El argumento puede ser muy sutil, pero deja de lado la pegunta ¿quién perdona a quién? ¿El Estado encuentra un resquicio legal para liberar a un inocente y de esa manera se lava las manos que mantuvo sucias y manchadas de sangre durante los 13 años de cárcel del profesor Alberto Patishtán Gómez? [2]

Por su parte, el profesor Patishtán mantiene una firmeza impresionante. En una reciente entrevista afirmó: “En mi interior estoy libre desde el primer día. Me torturaron sicológicamente, me amenazaron, pero nunca caí en el juego de aceptar la culpa… Tengo conocimiento que los diputados y senadores buscan algunas salidas a mi caso. Independientemente de lo que quieran o puedan hacer, me interesa que quede claro que soy inocente.”[3]

Sin dejar de denunciar las arbitrariedades que se cometieron en su contra y cuestionar la liberación de los autores materiales de la masacre de Acteal, el profesor Alberto Patishtán otorga un perdón al Estado al que exige atender la situación de miles de indígenas encarcelados por delitos que no cometieron. 20 años atrás, los zapatistas preguntaron cuando el entonces presidente Salinas anunció el indulto a los alzados: ¿De qué tenemos que pedir perdón? ¿De qué nos van a perdonar? ¿De no morirnos de hambre? ¿De no callarnos en nuestra miseria? ¿De no haber aceptado humildemente la gigantesca carga histórica de desprecio y de abandono? ¿De habernos levantado en armas cuando encontramos todos los otros caminos cerrados?¿De haber demostrado al resto del país y al mundo entero que la dignidad humana vive aún y está en sus habitantes más empobrecidos?… ¿De no rendirnos? ¿De no vendernos? ¿De no traicionarnos?… ¿Quién tiene que pedir perdón y quién puede otorgarlo?

Ahí están las preguntas de las y los zapatistas. Y del profesor Alberto Patishtán, también!!



[1] Nota de Carolina Gómez Mena, publicada en La Jornada, sábado 19 de octubre de 2013, p. 17

[2] Nota de Víctor Ballinas, publicada en La Jornada, martes 22 de octubre de 2013, p. 15

[3] Entrevista realizada por Hermann Bellinhaussen y publicada en La Jornada, sábado 26 de octubre de 2013, p. 2

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