Cuando un policía asesina a un joven

Primero fue Huehuetoca, en el Estado de México; luego, en Zapopan, aquí en Jalisco. Ayer fue en Guadalupe Victoria, en el estado de Puebla. En los tres casos, un policía mata a un joven. Salvo en Jalisco, los hechos provocaron la ira de la población que incendió las alcaldías y algunas patrullas. En Huehuetoca, el policía huyó; en Zapopan, lo detuvieron; en Guadalupe Victoria, se desconoce cómo ocurrió el homicidio. Por si fuera poco, en la comunidad de Santiago Tepatlaxco, municipio de Naucalpan, en el Estado de México, habrían herido de bala a un joven de 20 años, y también la comunidad se amotinó y exigió castigo al policía responsable.

Como mucha gente cree, pareciera que en Jalisco no pasa nada, como en Michoacán o Tamaulipas. Pero resulta que sí pasan cosas. Lo que conviene reflexionar  no es si pasan o no pasan cosas en Jalisco, sino si tenemos la policía que la situación actual está exigiendo; por otro lado, si, en contraste con Huehuetoca, Guadalupe Victoria y Santiago Tepatlaxco, en donde la gente se amotinó y exigió mayor seguridad, en Jalisco no hay manera de exigir la seguridad humana y ciudadana, como un derecho humano fundamental.

Los detalles del homicidio ocurrido en Zapopan y la detención del policía, hablan, por lo menos, de un abuso de la fuerza física, a jóvenes que ya estaban bajo control policiaco. Los golpes estaban de más. Por supuesto que el balazo fue el exceso. Muchos nos preguntamos si los policías, en todos los niveles de mando, desde el Secretario de Seguridad hasta el nivel más bajo, conocen y ponen en práctica los protocolos de Naciones Unidas para el uso de la fuerza física. Quiero suponer que no los conocen. Por otro lado, pareciera una práctica ordinaria que el policía primero detiene y golpea y luego investiga. De esa manera, llegamos a la práctica consuetudinaria de la tortura que se llega a considerar como “normal”, cuando es un delito de lesa humanidad y que en Jalisco, que nosotros sepamos a ciencia cierta, no se aplica el Protocolo de Estambul para verificar los hechos de tortura.

Lo que sí podemos afirmar, es que en Zapopan ni se incendió la alcaldía, ni se incendiaron y destruyeron patrullas de la policía, como sí ocurrió en Huehuetoca, Guadalupe Victoria y Santiago Tepatlaxco. Pero tampoco supimos de manifestaciones o de expresiones de protesta por el abuso de la policía. Eso sí, al policía que se le fue un tiro de su pistola, lo detuvieron; en los otros lugares, huyeron. El problema, entre muchos otros, que enfrentan las policías, sean municipales, estatales o federales, es una cultura arraigada que permite prácticas violatorias de los derechos humanos, incluyendo los derechos de los policías.

Junto con el desempleo y la pérdida del poder adquisitivo del salario, la inseguridad pública, la criminalización de las protestas sociales y los abusos de todas las policías, son los más graves problemas que enfrentamos actualmente en México y, por supuesto, también en Jalisco. Los controles de confianza aplicados a todas las policías del país, sólo están reflejando una crisis de mayor hondura. La formación y profesionalización de las policías son algunos de los intentos que se realizan por tener policías más capacitados, entrenados, en buena condición física, pero también mental para el debido cumplimiento de los protocolos de la ONU para el uso de la fuerza policiaca. Porque los hechos que se han manifestado recientemente, y que el Centro Prodh y Artículo 19 documentaron a detalle, es que a los policías se les entrena para golpear y amedrentar a periodistas y defensores de derechos humanos, o a cualquiera que, con cámara o celular en mano, graben las actuaciones de la policía, uniformada o sin uniforme.

Los excesos cometidos en Zapopan, Huehuetoca, Guadalupe Victoria y Santiago Tepatlaxco son graves ejemplos de las carencias que padecen policías mal preparadas, entrenadas y, además, con bajos salarios y no siempre justas condiciones laborales. Si de algo han de servir nuestros impuestos, es justamente, para tener mejores policías y mejores políticas de seguridad humana.

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