Apuntes sobre los movimientos sociales

Luego de las marchas y movilizaciones en la ciudad de México a propósito de la reforma educativa, la energética y la conmemoración del 2 de octubre de 1968, se suscitó un debate sobre los intereses y los propósitos de los grupos a los que genéricamentese les han denominado “anarquistas” y que terminaron enfrentándose a los cuerpos de seguridad de la capital captando con ello toda la atención de los grandes medios de comunicación.

Este debate sobre la naturaleza de estos grupos se presta para proponer algunas reflexiones sobre los movimientos sociales en México, retomando algunos de los planteamientos que Boaventura de Sousa Santos expuso en su visita a Guadalajara en el marco de la Cátedra Jorge Alonso. Estas reflexiones pretenden abonar a una mejor comprensión de lo que está pasando en nuestro país en esta materia.

Lo primero que tenemos que decir es que la evidencia empírica nos muestra que en todo el país se multiplican y diversifican las muestras de descontento social ante los efectos de un modelo socioeconómico que empobrece a las mayorías, que genera inseguridad y que precariza la democracia. No recuerdo en el pasado reciente un inicio de sexenio con tantas manifestaciones sociales y muestras de repudio a las políticas de un gobierno entrante, que hereda los problemas del sexenio calderonista, pero que también agrega los conflictos que han provocado sus propios errores.

Ahora bien, en las diversas movilizaciones en la ciudad de México podemos encontrar al menos cinco expresiones distintas de organización social que convergen en ciertas demandas, pero que también tienen sus agendas propias. Un error de análisis fundamental es no visualizar estas diferencias y diversidades al tratar de catalogar a los movimientos sociales como un solo bloque con una sola demanda. Este tipo de miradas reduccionistas nutren las versiones que tienden a criminalizar y desprestigiar a dichos movimientos con el propósito de mantener el estado de las cosas.

Como dije arriba, existen por lo menos cinco tipos de movimientos que convergen en las calles de México: los sindicales, los vinculados a partidos políticos, las personas que están en organizaciones civiles de izquierda, los que se aglutinan en nuevos movimientos sociales como #YoSoy132 y los que se agrupan en los llamados grupos de “anarquistas” o bloque negro.

Los movimientos sindicales son considerados en la literatura especializada como movimientos sociales de viejo cuño, con demandas fundamentalmente sectoriales y con estructuras muy definidas en las que normalmente hay una dirigencia o vanguardia que se encarga de negociar con los representantes del gobierno las exigencias del movimiento. Una de las tensiones que con frecuencia vemos en los sindicatos está vinculada a la democracia interna que no en pocas ocasiones se convierte en el peor enemigo de los sindicatos.

Los partidos políticos no son movimientos sociales en estricto sentido, pero aquellos donde sus miembros se movilizan normalmente comparten las características de los sindicatos, es decir, estructuras definidas, dirigencias, serios problemas de democracia interna y hay que añadir su confusa relación con el gobierno, al que le reclaman y del cual son parte.

En México contamos también con una izquierda social que habitualmente tiene como soporte a las organizaciones de la sociedad civil de corte progresista que suelen aglutinarse en torno a temas específicos como los derechos humanos, la ecología, género, la democracia, entre otros y aunque su trabajo es cotidiano e institucionalizado en estas causas, con frecuencia suelen sumarse a demandas sociales más allá de sus temáticas o forman parte de frentes amplios o redes de organizaciones. La mayoría de estas agrupaciones, aunque pueden ser muy críticas al sistema social, suelen reconocer al Estado como un interlocutor válido.

Los movimientos sociales como #YoSoy 132 combinan la presencia en las redes sociales y en las calles, no tienen vanguardias y tratan de reproducir modelos democráticos en sus procesos de toma de decisión, suelen tener una mirada más antisistémica y no reducen sus demandas en lógicas sectoriales o territoriales, sin embargo sus formas de estar presentes pueden ser muy irregulares y no en pocas ocasiones no se les puede encontrar en el espacio público. Creo que su mayor virtud es convertirse en espacios de experimentación e innovación democrática.

Finalmente tenemos a los grupos a los que se les llama “bloque negro” o que otros han bautizado erróneamente como “anarquistas” (reconociendo que el anarquismo es una corriente de pensamiento a la que han pertenecido personajes muy ilustres como los hermanos Flores Magón), que desde mediados de la década pasada empezaron a aparecer en marchas y manifestaciones, que tienen proclamas anticapitalistas y que suelen enfrentarse a las policías de forma violenta, situación que luego provoca que las fuerzas policiales tengan el pretexto para reprimir o aprehender indiscriminadamente a los asistentes a las manifestaciones, ya que el hecho de que muchos de ellos oculten su rostro, propician escenarios de mucha incertidumbre. No son pocas las ocasiones donde los organizadores de las manifestaciones han señalado que estos grupos son personas infiltradas que tienen como consigna generar caos en las movilizaciones.

En las marchas de estas semanas conviven y coexisten todas estas expresiones sociales, la mayor parte de ellas muy legítimas, diversas, con historia y antecedentes de lucha; y que pretenden ser estigmatizadas y desprestigiadas por buena parte de la clase política al enfatizar en los medios de comunicación los momentos donde se presenta la violencia o privilegiando las voces que se oponen a estas demandas. No podemos dejar de señalar que los avances democráticos y la vigencia de los derechos no son graciosas concesiones de los estados y del capital, más bien son fruto de las demandas sociales y de las luchas que se gestan en las calles.

Publicado por la Jornada Jalisco con fecha del día 10 de octubre de 2013

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