2 de octubre: Entre el autoritarismo y la democracia

“¡¡2 de octubre no se olvida!!” Y cómo olvidarlo. Fue una masacre premeditada, expresión dura del régimen autoritario que, a 45 años de aquella tragedia, se resiste a abrirle paso a la vida democrática. Hoy, como entonces, está todo preparado para que se exprese el país que queremos construir. O la del régimen autoritario, el de Tlatelolco como el de Atenco, o el de la negociación y apertura política que explora por la vía pacífica la resolución pacífica de las diferencias y el establecimiento de verdaderas reformas de fondo, no de aquellas que sólo agudizan los conflictos como la reforma laboral en el sistema educativo, que cada día suma más profesores y profesoras a las protestas por más que las quieran acallar las televisoras y las “plumas” al servicio de la privatización de la educación.

A casi dos semanas de los desastres provocados por Manuel e Ingrid en el sureste mexicano, aparecen los dos rostros que se confrontan y plantean el futuro del país que queremos construir. Por un lado, la ineptitud – ¿a quién se le ocurrió nombrar a un licenciado en turismo como director o coordinador del sistema de protección civil? -, la corrupción, negligencia, impunidad; por el otro, la decidida auto – organización de las comunidades damnificadas de Guerrero. Como ha sucedido en las grandes tragedias, lo mismo en los sismos del ’85 que en las explosiones del 22 de abril, la población damnificada rebasa a los gobiernos ineptos y corruptos y genera su propia organización, ayuda, solidaridad y… autogobierno!! Así lo reporta todos los días el CDH La Montaña Tlachinollan. Y no es casual. Sobre todo cuando identificamos la historia reciente de estas comunidades, animadas y organizadas desde estructuras eclesiales de la diócesis de Tlapa. Primero para formar la Policía Comunitaria, tan golpeada en los meses recientes y por quien menos se esperaba, la CNDH. Ahora que los ciclones golpearon la región, esas mismas estructuras organizativas de las comunidades indígenas de la región de La Montaña, sacaron lo mejor de ellas y de su experiencia histórica: la solidaridad entre ellas, la canalización de ayudas materiales por caminos seguros y confiables, desde la ayuda del Papa Francisco a través de la diócesis de Tlapa, la de colegios y universidades de inspiración cristiana.

“¡¡Que nadie lucre con la tragedia!!”, llegó a expresar Enrique Peña Nieto. Sólo le faltó decir: nada más yo. De ahí para abajo, son incontables los personajes de la llamada “clase política” que se han dedicado a sacar provecho del desastre. Otra vez los dos Méxicos enfrentados: el régimen autoritario que prohíbe sacar ventajas políticas del desastre y, por el otro, la autonomía de los pueblos indígenas que se afirma en la solidaridad y en la reconstrucción de sus viviendas.

Si el 2 de octubre no se olvida, tampoco se ha olvidado ni el 19 de septiembre ni el 4 y 5 de mayo, tanto el de Atenco como el de Guadalajara. Tampoco el 13 de septiembre, tanto por el desalojo violento de los maestros en plantón en el Zócalo, porque el mismo día, Ingrid y Manuel hacían desastre y medio en el estado de Guerrero y las autoridades no hicieron la más mínima advertencia a la población.

El día de hoy, 2 de octubre, se sabrá si lo que predomine en el país es el régimen autoritario que reprime el libre ejercicio de la manifestación pública – aprovechando, por supuesto, los solícitos provocadores contratados previamente por la policía – o, por el contrario, se darán cauces al diálogo político que genere acuerdos de pleno respeto a los derechos laborales de los profesores, mantenga la soberanía nacional sobre nuestros recursos energéticos, cancele los privilegios fiscales de las grandes empresas, se obligue a las grandes empresas mineras canadienses a respetar las tierras y territorios de los pueblos indígenas, además de respetar los derechos laborales de sus trabajadores… y se libere al preso político de México más conocido en el mundo entero, el profesor tzotzil bilingüe, Alberto Patishtán Gómez.

Este día es crucial. 2 de octubre no se olvida. La demanda de mayor democracia sigue vigente.

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