Un gobierno ciego que, además, no escucha

Nos dicen que es la primera vez en la historia que dos ciclones tocan tierra mexicana el mismo día. El caso es que Ingrid por el Golfo de México y Manuel, por el Pacífico trajeron el desastre y con él la aparición de las fallas estructurales que la corrupción y la impunidad suelen ocultar. Se denuncia que hubo negligencia de las autoridades en el estado de Guerrero, que no se tomaron las medidas adecuadas, que no hubo evacuaciones ni medidas de contingencia básicas y elementales de la protección civil. Eso sí, el ejército mexicano, una vez más, sale al rescate de los cientos de miles de damnificados. Eso que está ocurriendo en varias partes del país es una metáfora general de lo que sucede en todos los ámbitos.

En la vida económica, todos los analistas y los expertos que analizan el comportamiento económico del país han publicado sus pronósticos de crecimiento de la economía. En todos los casos, sin excepción, anuncian caídas, unos anuncian mayores caídas que otros, pero todos, han disminuido sus expectativas de crecimiento. Eso se traduce, desgraciadamente, en mayor desempleo, una mayor pérdida del poder adquisitivo del salario y, para decirlo con mayor claridad, significa mayor pobreza y más hambre en los sectores ya de por sí desprotegidos.

A nivel político, el desastre está a la vista. Reformazos impuestos a base de mayoriteos legislativos que se cocinan en esa cúpula llamado Pacto contra México, en donde los intereses de los poderes fácticos imponen su voluntad, sin importar las graves lesiones a los más elementales derechos de las grandes mayorías, con todo y a pesar de reformas constitucionales en materia de derechos humanos, algo más que letra muerta que sólo se utiliza para presumir y hacer alarde de que en México, los derechos humanos son primero y lo más importante de un gobierno. Sí, claro, después de hacer ilegales derechos laborales, con la contrarreforma laboral, y de suprimir derechos básicos de todo el magisterio, independientemente de si son oficialistas o son de la Coordinadora. Todos los derechos laborales del magisterio quedan en suspenso con la mal llamada reforma educativa. Y, por si fuera poco, con la reforma fiscal, tan criticada por izquierdas y derechas, se quiere exprimir el bolsillo de los que ya de por sí somos causantes cautivos. Basta un botón de muestra: que se cobre el ISR de 32% parejo para los que ganan 42 mil pesos mensuales, que para los que ganan 300 o 600 mil, ya no digamos para los que ganan más del millón de pesos mensuales, que los hay, en este país que, al parecer, se apunta al campeonato mundial de la desigualdad. ¡Que lejos estamos de que, en materia de impuestos, realmente paguen más los que más tienen!!

Los desastres naturales tienen un margen de previsión. Las fuerzas de la naturaleza, en buena medida efecto del cambio climático, se pueden enfrentar con buenos y probados modelos de protección civil. Pero cuando hay gobernantes sordos y ciegos, no hay protección civil que valga. Eso sí, se apela a la solidaridad del pueblo mexicano, siempre solidario, porque el gobierno es incapaz e inepto para aliviar las necesidades de la población. Así sucede en el desastre actual provocado por Ingrid y Manuel, pero hay otros huracanes peores que están saqueando las riquezas del país, que explotan sin medida su mano de obra, que la lanzan al desempleo y la informalidad cuando ya no les sirve, y para esos no hay más protección civil que valga que la misma organización y movilización de la gente, de todos los sectores. No sólo para defender los derechos laborales – que para eso, los maestros sí que están dando la mejor lección de nuestra historia reciente – sino también en defensa del petróleo, de la tierra y territorio de los pueblos indígenas y a favor de una política fiscal en la que paguen más quienes tienen más. Un gobierno ciego y sordo, que dice escuchar pero que, como ayer Videgaray en Guadalajara, se la pasa hablando la mayor parte del tiempo, no tiene futuro. De ahí la necesidad de la resistencia y la movilización de la mayor parte de la gente que dice “¡Ya basta!”

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