El modelo de producción agrícola y los jornaleros

En el espacio público, con cierta frecuencia podemos encontrar temas y debates que francamente me parecen poco relevantes y que se asemejan más a una charla de café que a un intento de discutir públicamente asuntos que nos afectan a todas y todos. Frente a la banalidad que con frecuencia nos encontramos, la semana pasada en el estado de Jalisco irrumpió nuevamente en la arena pública el problema de los jornaleros migrantes semi-esclavizados en el municipio de Tolimán, en el Sur de la entidad.

De acuerdo a lo que refirieron muchas notas periodísticas, 275 personas provenientes de los estados de San Luis Potosí, Hidalgo y Veracruz estaban en una grave situación en cuanto a sus derechos laborales, además de que estaban en una condición de semi-esclavitud y sujetos a consumir en una tienda de “raya”. Estos jornaleros tuvieron que ser liberados por las autoridades como si se tratara de personas rehenes o secuestradas. Todo esto aconteció en la empresa Bioparques de Occidente, que de acuerdo a varios medios de comunicación, había sido considerada una Empresa Socialmente Responsable y había recibido ayudas gubernamentales por medio de las cuales se le había asignado dinero público en el sexenio anterior. Fruto del operativo se detuvo a cinco capataces y posiblemente se le asigne una fuerte multa a dicha empresa.

Abundar en la condena del caso específico sigue siendo pertinente, sin embargo, me parece que es necesario profundizar la reflexión en torno al modelo de desarrollo agrícola que permite la aparición de estas situaciones, que no son nuevas, que ya han sido objeto de grandes y graves escándalos, pero que se siguen reproduciendo porque las formas estructurales de proceder en este modelo nos llevan irremediablemente a la aparición de crisis cíclicas.

La implantación del neoliberalismo en México no ha sido homogénea en sectores y regiones. En algunos casos ha sido más paulatino, pero en el campo mexicano llevamos por lo menos 20 años de una neoliberalización exacerbada, impulsada desde el gobierno de Carlos Salinas de Gortari y seguida a pie juntillas por el resto de los presidentes mexicanos, a quienes se han sumando acríticamente gobernadores y presidentes municipales sin distingo de partidos políticos. La fórmula del modelo es sencilla: producir para lo que demande el mercado global y con el dinero que obtengamos comprar los alimentos para vivir.

Este cambio de modelo implicó varias transformaciones fundamentales. Primero se tuvieron que cambiar las formas de posesión de tierra para pasarla de comunal a individual y con ello los campesinos y productores rurales tuvieron la posibilidad de vender o rentar los terrenos agrícolas, que, en una situación de empobrecimiento crónico en el campo mexicano, provocó que muchos campesinos optaran por esta opción. En segundo lugar, se incentivó el cambio de cultivos que históricamente se habían producido en el país, es decir, de la siembra de granos básicos como el maíz, el frijol, el sorgo y hortalizas asociadas a ellos, pasamos al cultivo de productos altamente rentables en el mercado internacional, que van cambiando de acuerdo a las modas de consumo en el escenario global. Entonces, durante estos años se han sembrado jitomates, lechugas, ajos, moras, agave, papa, aguacates, brócoli, entre otros, en grandes extensiones de terreno, con lo cual se impulsaron también los monocultivos en lugar de mantener la diversidad productiva que había caracterizado por siglos al mundo rural en México.

Los actores centrales de este modelo ya no son las familias rurales ni los pequeños productores locales, sino las agroempresas exportadoras que con una fuerte inversión tecnológica y de capital industrializan los procesos de producción agrícola. Estas empresas rentan las tierras, contratan jornaleros que fundamentalmente provienen del sur de México y de zonas muy deprimidas del país; y colocan sus productos de acuerdo a la demanda de alimentos, donde buena parte de sus cosechas tienen como destino los mercados globales. Como las empresas agroexportadoras son las grandes protagonistas de este modelo, no es extraño que los gobiernos en turno hayan facilitado su instalación en diversas regiones del país, que les dieran recursos públicos, que subsidiaran su negocio a través de la implementación de guarderías para cuidar a los hijos de las jornaleras y que en no pocas ocasiones se hicieran de la vista gorda ante las irregularidades que cometen estas agroempresas.

El nuevo modelo también tiene como una de sus características esenciales la aplicación de grandes paquetes tecnológicos que incluyen la utilización de fertilizantes y plaguicidas de origen químico, el uso de semillas genéticamente modificadas (transgénicas), la implementación de invernaderos con alta tecnología e incluso la aplicación de hidroponia (que posibilita el cultivo de plantas sin la necesidad de tierras). Esta tendencia también ha impulsado la inocuidad alimentaria que llevó a la utilización de agentes químicos muy agresivos para limpiar la tierra de cualquier presencia de seres vivos y entonces hacen dependientes a las plantas de los agroquímicos para su crecimiento.

El último componente de este modelo es la utilización de mano de obra jornalera migrante. La concentración de la producción en algunas zonas rurales sumada a que la cosecha de los nuevos cultivos requieren de un uso intensivo de mano de obra (con un conocimiento heredado en el manejo de hortalizas) y que sea lo más barata posible, generó la necesidad de traer jornaleros de otras zonas del país. Estos desplazamientos tienen por lo menos dos décadas y han propiciado la llamada migración circular, que se realiza sobre todo en la segunda parte del año (de julio a diciembre). La aceptación de los jornaleros de este tipo de trabajo tiene como explicación que provienen de las regiones más pobres de México y ven en el precario salario que les ofrecen estas empresas una oportunidad de incrementar sus ingresos. El modelo implica un proceso como el que sigue: 1) existe un enganchador que ofrece el trabajo en los lugares de origen; 2) se traslada a los jornaleros a los lugares de trabajo y a los albergues que los alojarán; 3) durante los periodos de cosecha se realizan extenuantes jornadas de trabajo; c) los jornaleros consumen en las tiendas que las propias empresas instalan; d) al término del periodo de cosecha los jornaleros regresan por su cuenta a los lugares de origen.

Como se ha dado a conocer en los últimos días este modelo ha provocado un efecto perverso en materia laboral, ya que no son pocos los casos donde se presentan graves condiciones de hacinamiento y de insalubridad en los albergues, militarización de estos espacios, aparece el fenómeno modernizado de las tiendas de “raya” porfirianas, hay jornadas laborales fuera de la ley y sin pago de horas extras, en algunos casos se ha documentado trabajo infantil y la seguridad social es prácticamente nula. Evidentemente aparecen este tipo de situaciones porque entre menos cueste la mano de obra se obtendrán más ganancias. En el estado de Jalisco hemos visto la concreción de este modelo de agricultura de exportación en el Sur de Jalisco con la instalación de empresas en Sayula, Tolimán, San Gabriel, Tapalpa, Amacueca, Autlán, Tuxcueca, El Grullo, entre otros.

Hay otros efectos que también son preocupantes además de los ya mencionados, por ejemplo se pierde soberanía alimentaria al dejar de producir granos básicos, se generan graves efectos ambientales por la excesiva utilización de agroquímicos, las ganancias del modelo terminan en muy pocas manos ya que este modelo genera concentración de la riqueza y finalmente la pobreza crónica en el mundo rural no se ha resuelto después de veinte años de implementación. El llamado agrobussines ya demostró su incapacidad: el campo es más pobre, está más contaminado, se violan derechos laborales y ya no provee lo que necesitamos para comer, ¿hacen faltan más evidencias para saber que este modelo está agotado y no funciona? Allí está el debate y no bastará con poner multas a estas empresas ni con generar más inspecciones, a pesar de lo loable de esta acción resultará a todas luces insuficiente.

No comments yet.

Deja un comentario

*