Comentarios de Carlos Moreno en la presentación del libro de Luis Carlos Ugalde, Por una democracia eficaz: radiografía de un sistema político estancado, 1977-2012.

24 de enero de 2013

 

Quiero comenzar subrayando el hecho de que el libro de Luis Carlos Ugalde, Por una democracia eficaz, se presenta hoy en el marco del Programa de Investigación y Análisis en Políticas Públicas (PIAPP) del ITESO.  Desde su lanzamiento formal en mayo de 2012, el programa se ha propuesto ser una plataforma de discusión y análisis de temas importantes en la agenda de políticas públicas de nuestro país y establecer una relación estrecha, de ida y vuelta, con los medios y los tomadores de decisiones públicas.  El planteamiento del libro se inscribe claramente dentro de uno de las líneas de trabajo más importante de nuestro programa: el de la calidad gubernativa.  Sobre todo porque, como el autor subraya a lo largo del texto, su análisis debe ir más allá de la esfera estrictamente electoral, y comenzar a revisar a fondo los problemas del ejercicio del poder público, en temas tales como la rendición de cuentas, la consolidación del Estado de Derecho, el clientelismo y la fiscalidad de los gobiernos mexicanos.  Por tanto, un libro de esta naturaleza es más que bienvenido en la situación de estancamiento político que enfrenta nuestro país en este momento.

Mi comentario está estructurado de la siguiente manera.  En primer lugar, señalaré por qué me parece que el libro es de importancia no solo desde un punto de vista académico, sino también desde una perspectiva práctica.  En segundo lugar, abordaré las que, desde mi punto de vista, son sus contribuciones centrales.  Finalmente, concluyo con algunas preguntas al autor.

 

Importancia del libro

El texto de Luis Carlos Ugalde aparece en un contexto caracterizado por el estancamiento y la baja productividad del proceso democrático mexicano.  Las expectativas del cambio político, sobre todo a partir de la alternancia partidista en el poder ejecutivo nacional ocurrida en 2000, fueron no solo desbordadas, sino hasta cierto punto de vista ingenuas: se pensaba que el simple relevo partidista en los cargos públicos sería suficiente para transformar a fondo las viejas prácticas del antiguo régimen unipartidista, generando buen gobierno, mayor rendición de cuentas, mayor apego a la legalidad, y un largo etcétera.  Sin embargo, como el autor sostiene a lo largo del libro, la indudable transformación del sistema electoral no fue capaz, por sí mismo, de ocasionar todos esos cambios deseados.  La razón: la competitividad electoral se montó sobre los mismos cimientos institucionales y sobre las mismas prácticas clientelares que caracterizaron al antiguo sistema político.  Entonces, el libro de Luis Carlos Ugalde pone menos el acento en analizar los mecanismos de acceso al poder público, y mucho más en los instrumentos de su ejercicio democrático.

Otra gran virtud del libro es que está escrito en un lenguaje claro y conciso, accesible no únicamente para las audiencias académicas especializadas en temas públicos, sino también para cualquier persona interesada en entender por qué el sistema político mexicano no ha generado buenos gobiernos. 

 

Contribuciones principales

La primera contribución importante del libro de Luis Carlos Ugalde es establecer un conjunto de causas estructurales (también llamadas “causas sistémicas”)  que explican la ineficacia de la democracia electoral para producir gobiernos eficaces.  Cuando habla de causas estructurales, el autor quiere referirse a factores que están claramente inmersos en la lógica del funcionamiento del sistema político mexicano, y no al papel de actores o grupos específicos en coyunturas concretas o a sucesos aislados.

Las causas centrales de la democracia ineficaz son cinco:

1)      Una deficiente rendición de cuentas

2)      El problema de la impunidad

3)      El clientelismo como práctica predominante del sistema

4)      Una muy baja cultura de la legalidad y de la participación ciudadana

5)      La enorme fragilidad fiscal del Estado mexicano a todos sus niveles.

El argumento del autor es que el arreglo político establecido a partir de la alternancia en el poder ha generado incentivos perversos que inducen a los actores públicos y privados, partidos e instituciones a tener comportamientos contrarios a un gobierno democrático.

Por ejemplo, en materia de rendición de cuentas, si bien se reconoce que ha habido avances institucionales, sobre todo a raíz de la aparición de gobiernos divididos, éstos no son suficientes para producir que los servidores públicos expliquen sus actos ante la población y que sufran sanciones en caso de incumplimiento. Como bien sabemos, la fiscalización del gasto sigue estando sujeta a presiones políticas, el congreso no cumple cabalmente su papel de contrapeso al ejecutivo debido a la ausencia de reelección legislativa, y los gobiernos locales continúan operando bajo el férreo control de los gobernadores, disfrutando además la ventaja de gastar con cargo al presupuesto federal, es decir sin fortalecer sus ingresos propios.

Otra de las causas estructurales de la democracia ineficaz es el clientelismo, situación que caracteriza a la relación entre los políticos y diversos grupos sociales y que se manifiesta en un conjunto exagerado de privilegios ofrecidos a sindicatos, partidos, grupos empresariales, organizaciones campesinas, etcétera, a cambio de votos y apoyo político.  El autor ofrece un argumento sumamente persuasivo para explicar por qué el clientelismo, lejos de reducirse tras la alternancia, se ha incrementado: primero, el mayor pluralismo ha fragmentado el proceso de toma de decisiones públicas, de tal manera que ahora existen múltiples ventanas de acceso para que los grupos presionen a los gobiernos a cambio de prebendas.  Segundo, la competencia interpartidista ha encarecido el precio de dichas prebendas, es decir que la mayor competencia por los votos ha incrementado el monto de los beneficios económicos que los clientes están dispuestos a recibir a cambio de su apoyo político-electoral.

Las consecuencias del nuevo arreglo político mexicano son más que evidentes: gobiernos que no generan valor público, grupos minoritarios con capacidad de vetar cualquier iniciativa contraria a sus privilegios, y una legitimidad profundamente erosionada que hace que los ciudadanos estén desencantados con la calidad de nuestra incipiente democracia.

Ante este panorama tan complejo, el autor propone una ruta de soluciones para mejorar lo que él denomina “gobernabilidad democrática”, la cual consiste en estimular la cultura de la legalidad, fortalecer la base fiscal del Estado y promover la eficacia del proceso decisorio en un entorno plural.

Termino este comentario preguntando al autor cuál es su opinión sobre la disposición y capacidad del actual gobierno para cambiar el intrincado esquema de incentivos y prácticas que han llevado a nuestro país a una situación de estancamiento y poca productividad.  ¿Consideras, Luis Carlos, que el partido que, según tus propias palabras, fue “el cuidador de la jaula de los dinosaurios”, está dispuesto a renunciar a las prácticas clientelares que fueron la base de su poder?  ¿Por qué lo haría?

Muchas gracias

 

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