El Poder Legislativo de Jalisco

La LIX Legislatura del Congreso Local de Jalisco, que está por concluir, nos ha mostrado que siempre se puede superar el nivel de degradación en el desempeño legislativo. El Congreso que los antecedió dejó problemas serios y cuestionamientos profundos en su actuación, pero los actuales diputados no sólo no resolvieron los asuntos heredados, sino que se encargaron de engrosar la lista de problemas en el poder legislativo del estado. El anecdotario de estos tres años puede dar para llenar páginas y páginas, sin embargo, para el caso de este artículo, señalaré los que a mi juicio fueron los principales desaciertos de la actual legislatura y propondré una serie de retos para los diputados que en el mes de noviembre asumirán sus nuevos cargos de representación popular.

Esta legislatura no legisló temas sustantivos para la vida de Jalisco. No se reconoce ninguna ley que haya afectado positivamente en algún rubro estratégico del desarrollo del estado, quizá en este sentido sólo podríamos mencionar la llamada “Ley Salvavidas”, pero temas primordiales como la reforma política de fondo, la adecuación de la Constitución en derechos humanos, por citar algunos, no fueron debatidos ni reformados por los diputados salientes. Es más, el actual Congreso Local aprobó leyes regresivas como en el caso de la Ley de Información Pública del Estado de Jalisco y sus Municipios, que representó un grave retroceso para el estado en materia de derecho a la información. Es decir, la tarea esencial de este poder no sólo no fue cumplida en estos tres años, sino que los diputados deterioraron el marco normativo local.
En la teoría política se plantea que la división de poderes tiene como propósito generar equilibrios y contrapesos. Quizá una de las pocas cosas que podemos reconocerle a la Legislatura anterior (LVIII), es que sí fueron un contrapeso al poder ejecutivo (por múltiples razones), sin embargo este Congreso tampoco realizó esta labor. Al estar ahogado en sus problemas financieros y estar atendiendo los escándalos que se suscitaron en su interior, la LIX Legislatura no realizó su labor de contrapeso ni de vigilancia de los otros poderes del estado. Es sintomático que hace un par de semanas aprobará a puerta cerrada más de 250 cuentas públicas, entre ellas la tan cuestionada cuenta de los Juegos Panamericanos, de la cual todavía no tenemos la información completa y precisa de lo que implicó de gastos y deudas para el estado.
Esta Legislatura continuó con la ausencia de diálogo y con la ruptura con las organizaciones de la sociedad civil. El caso de auditor representó el mayor conflicto y distanciamiento entre diputados y ciudadanos, a lo que se sumó la ratificación fast-track y sin respetar los procedimientos que marca la ley, del todavía presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco, situación que generó la condena y el repudio de una amplia gama de reconocidas organizaciones que defienden los derechos de todas y todos. El poder público que por naturaleza tendría que entablar un mayor diálogo con la sociedad, se convirtió en una entidad cerrada a cualquier tipo de demanda o exigencia social.
Otro de los asuntos que indignó a la ciudadanía en la actuación de esta Legislatura fue todo lo referente al excesivo gasto, a las desmedidas e inexplicables contrataciones, a las deudas que siguen sin pagar y la evidente falta de transparencia y racionalidad en el uso de los recursos. Los todavía hoy diputados no han dejado de “dar la nota” en este aspecto y ahora quieren endosarle a la Legislatura entrante todo el problema de los contratos temporales. El Congreso se convirtió en una caja de cristal que mostró un amplio catálogo de las malas prácticas de la clase política local, que iban desde el pago de “favores electorales”, hasta la colocación de la familia en la nómina de este poder público.
Para rematar la lista de agravios, varios de estos insignes diputados contendieron en las pasadas elecciones y seguirán viviendo del presupuesto público en otros cargos como diputados federales, senadores, regidores o munícipes. En este país donde la impunidad reina y no hay rendición de cuentas efectivas, los diputados salientes fueron “premiados” por sus acciones con un nuevo cargo público. Esta situación lo único que provoca es anular los incentivos para hacer las cosas bien, ya que aunque su función haya sido ampliamente cuestionada, esto no se traduce en ningún tipo de sanción política o jurídica.
La LX Legislatura tendrá una dura y amplia tarea, ya que tendrán que desandar lo caminado por los anteriores congresos locales. Por lo menos reconozco cuatro asuntos nodales que tendrán que abordar: el primero es el rediseño organizacional y financiero del Congreso, eso implica no sólo despedir a las personas que no tienen una función importante, sino repensar a toda la institución para darle funcionalidad, eficiencia, eficacia, rendir cuentas y transparentar su gasto; de otra manera este problema será un lastre que se convertirá en un obstáculo sistemático para el desempeño sustantivo de sus tareas. El segundo reto es restablecer el diálogo con la sociedad, especialmente con movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil, con el propósito de generar acciones en torno a la gobernanza, esto a su vez implicará la necesidad de entablar un gran diálogo estatal que propicie consensos sociales frente a los mayores problemas de Jalisco, es decir, no sólo se trata de debatir los grandes temas, sino de convertir al Congreso en el espacio de articulación social del estado con el objetivo de consensar los horizontes de presente y futuro.
El tercer reto es volver a convertir al poder legislativo en un contrapeso de los otros poderes formales de Jalisco, no con un afán de conflicto estéril, pero sí asumiendo su rol de vigilancia y control tanto del poder ejecutivo como del poder judicial, mantener a un poder desdibujado no ayuda a nadie. Finalmente esta Legislatura deberá generar un proceso de reforma política profunda en el estado, que lleve a romper la partidocracia vigente y empodere realmente a la ciudadanía, éste desde mi particular punto de vista es un proceso fundamental y estratégico para lograr avances sustantivos en Jalisco. Si queremos avanzar necesitamos profundizar la democracia.

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